jueves, 25 de abril de 2013

2 definiciones de periodismo especializado




Han transcurridos bastantes décadas desde que se originó el periodismo especializado, todavía no se ha llegado a una definición avalada por la mayoría de los especialistas en esta materia. Lo único que se tiene es una serie variada de aportaciones realizada por diferentes especialistas, las cuales muchas veces resultan ser contradictorias entre sí.





Dentro de los estudios que se han elaborado sobre el tema, los periodistas españoles Pedro Orive y Concha Fagoaga consideran esta área del periodismo como “una estructura que analiza la realidad proporcionando a los lectores una interpretación del mundo lo más acabada posible, acomodando el lenguaje a un nivel en que se determine el medio y profundizando en sus intereses y necesidades”.




Asimismo, sus connacionales Javier Fernández del Moral y Francisco Estévez Ramírez, en su libro “Fundamentos de la información periodística especializada”, definen el periodismo especializado como “la estructura informativa que penetra y analiza la realidad de una determinada área de la actualidad a través de las distintas especialidades del saber; profundiza en sus motivaciones; la coloca en un contexto amplio, que ofrezca una visión global al destinatario y elabora un mensaje periodístico que acomode el código al nivel propio de la audiencia, atendiendo sus intereses y necesidades”.




De las anteriores definiciones, se puede observar algunas características en las que coinciden los cuatro autores. Entre las que más se resaltan es que ambas ponen énfasis en el análisis de la realidad, con lo cual se deduce que el periodismo especializado no consiste en simple información, sino se requiere una exhaustiva profundización en el tema.




Otro punto interesante, es que ambos conceptos subrayan el hecho de ofrecer una interpretación integral del tema que abordan, es decir, su objetivo no es solo informar simple y llanamente, sino explicar de la manera más completa posible.




Además, el Fernández del Moral y Estévez Ramírez ponen atención en el aspecto de que se analiza la realidad por medio de las distintas disciplinas del saber humano.




Lo anterior, es algo con lo que coincide Montserrat Quesada, catedrática en la Universidad Pompeu Fabra, que en su definición de periodismo especializado afirma que “es el que resulta de la de aplicación minuciosa de la metodología periodística de investigación a los múltiples ámbitos temáticos que conforman la realidad social condicionada siempre por el medio de comunicación que se utilice como canal, para dar respuesta a los intereses y necesidades de las nuevas audiencias sectoriales”.




Así pues, parece claro que estos autores concuerdan en que el periodismo especializado no consiste sólo en informar sobre áreas específicas del conocimiento, sino que conlleva unas formas determinadas de buscar y trabajar las informaciones, de elaborarlas y de presentarlas.




Si se agrupa todas estas concepciones y definiciones, que lejos de ser contradictorias entre sí, más bien se complementan, se podría resumir que el periodismo especializado incluye las actividades de informar y explicar a profundidad sobre áreas determinadas y concretas del conocimiento, combinando los métodos, formas y saberes propios de la labor periodística, junto con los recursos teóricos y metodológicos de otras disciplinas.






Muñoz-Torres considera que los criterios válidos para calificar a un texto periodístico como especializado no pueden basarse en los criterios formales, sino sustantivos. No porque lo escriba un especialista o porque aparezca en un medio especializado, automáticamente se debe considerar un texto propio de este tipo de Periodismo.

lunes, 8 de abril de 2013

Definiciones de periodismo.


“Cuando se es testigo de una catástrofe de esta magnitud –porque termine como termine, la guerra española se considerará una catástrofe terrible, al margen de las matanzas y el sufrimiento físico— no se ve uno abocado necesariamente a la desilusión y al escepticismo. Es curioso, pero después de las experiencias que he vivido no tengo menos sino más fe que antes en la honradez de los seres humanos. Y espero que lo que he contado no confunda demasiado a nadie. Creo que en estos temas nadie es ni puede ser del todo imparcial; es difícil estar seguro de nada, salvo de lo que se ha visto en persona, y consciente o inconscientemente todo el mundo escribe desde una posición. Por si no lo he dicho ya en páginas anteriores, lo diré ahora: tenga cuidado el lector con mi partidismo, con mis detalles erróneos y con la inevitable distorsión que nace del hecho de haber presenciado los acontecimientos desde un lado."

George Orwell, Homenaje a Catalunya


“Los lunes son diferentes de los martes. No hay que mentir mucho y a veces atrapas al malo. Sé imprimir lo que es verdad”

Bill Keller en su conferencia ante The Guardian



El periodismo como instrumento de verdad(es)




La ideología que nos heredó la revolución científico-técnica occidental nos enseñó que en el mundo de la industria, habría una avasallante búsqueda de la verdad por la verdad en sí misma. Así, años antes, el Renacimiento nos mostraría que la garantía de la verdad ya no pendería del absoluto (Dios), sino de la racionalización. Posteriormente, en la ola positivista del XIX, esa verdad estuvo dominada por la potencia incuestionable de las ciencias naturales, las “ciencias duras”, ahí mero donde la objetividad parecía intocable. Finalmente la objetividad onmipresente comenzaría a dispersarse por lo más “opinable”.

La prensa escrita surge oficialmente a mediados del siglo XIX y el diario más viejo pero que se mantiene en funcionamiento hasta hoy en día es el  Post- och Inrikes Tidningar de Suecia, fundado en 1645. Hacia 1722, el clérigo católico y doctor Juan Ignacio de Castorena y Ursúa funda la Gaceta de México y noticias de Nueva España, considerado como el primer periódico de México, donde publica informaciones religiosas, oficiales, comerciales, sociales, mineras y marítimas. Años después, a Porfirio Díaz se atribuye el apoyo para la apertura de El Imparcial que se entendía en aquel entonces como el periódico más moderno de México. Fundado en 1896 por Rafael Reyes Espíndola, El Imparcial aplicó el modelo clásico de los periódicos nosteamericanos con su definición de secciones, corresponsales en provincia y servicios noticiosos de agencias, por lo que se obtuvo mayor número de lectores que lo hicieron su favorito ya que alcanzó tirajes de hasta 100 mil ejemplares. El Imparcial desplazó a los periódicos el Siglo XIX y El Monitor Republicano que hasta entonces, eran las publicaciones más consolidadas en el gusto del público.

 Así, en esta carrera por la profesionalización del periodismo, la escalada por el poder en los medios de comunicación ya se entiende como un instrumento de poder, La relación entre poder político y prensa, o entre prensa y poder político, responde a complejos procesos de interacción política, económica y social, orientados por un  pragmatismo que subordina la ética a otros intereses primarios [1]

Frases como: “lo leí en tal diario”, “es que determinado medio dice que no es así”, entre otras, eran un argumento común que obedecía más a la lógica de la relación cuanta  más masificación, verdad determinante, de objetividad incuestionable. Hoy, dichas aseveraciones ya más cercanas al desuso, confirman que, aunque un resto de clientelismo periodístico siempre permanecerá parásitamente en la sociedad,  a los ciudadanos  parece ya no interesarles  la verdad de lo que realmente ocurre sino los refuerzos argumentales a sus posiciones preconcebidas, lo que logran con la permanente interpretación de la realidad de los medios afines a su ideología. Pareciera entonces que en la era moderna de la información, los líderes de opinión finalmente hacen honor a su condición de reguladores del discurso.

Ahora el interés por la información ya no sólo proviene de recibirla de una sola fuente, sino de quién y desde dónde se informa.  La sociedad ha dictaminado sus propio supuestos, entonces, y es precisamente aquí donde hay que replantearse los perjuicios que supone para una sociedad el hecho de que la producción de la información, o dicho de otra manera;  que la construcción sesgada y parcial de caminos de la sobre la realidad se encuentre monopolizada y concentrada por un pequeño grupo; cuestión que se agrava aún más cuando dicho sector es, antes que nada, un grupo económico que, como cualquier otro grupo de su naturaleza, persigue el fin de maximizar sus ganancias.[2]

Pareciera entonces que la mencionada Era del Nuevo Periodismo sería más cercana a una era del reforzamiento de la línea editorial, cabe decir que en las sociedades que más se acercan al paradigma democrático hay una cierta tensión entre los periodistas y la línea editorial (o ideología del medio) por un lado y, entre estos y los políticos junto con sus asesores en comunicación o agregados de prensa, por el otro. En la mayoría de las sociedades de democracia liberal y capitalista los medios filtran la información y construyen la realidad según los criterios de la ideología dominante, de los poderosos. Ejemplo: las páginas editoriales de El Mercurio y La Tercera son una reiteración brutal de la ideología neoliberal que linda con la propaganda al estilo de J. Goebbels, el Ministro de la Propaganda de Hitler. Ni un atisbo de diversidad de opiniones.[3]

En definitiva, hablar de “objetividad”  o hasta de “periodismo independiente” dejaría un sabor de boca casi falaz, pues al contar con el núcleo duro, el trasfondo más oscuro y oculto de la ideología de los constructores de la realidad mediática, se tendría que hablar desde la orgullosa posición de quienes lo hacen en nombre de una élite que ha hecho de la verdad su propiedad privada.

Incluso la realidad mediática ya supone una intención paralela a los sucesos acontecidos en tiempo real. La objetividad es este caso, es sólo entendible a través del prisma de la subjetividad reguladora del discurso a través del lenguaje.



Bibliografía



 El Periodismo Político en México.- Petra Mª  Secanella. Ed. Prisma.
Historia y poder de la prensa, Raúl Sohr, Ed. Andrés Bello.


[1] FUNES, Lucía, Medios de comunicación; Prensa; Poder, cap. 3,  Honduras, 2002.


[3] LAVÍN, Leopoldo, Tiranía mediática y periodismo silencioso, http://www.elciudadano.cl/2013/04/04/65395/tirania-mediatica-y-periodismo-silencioso/