lunes, 8 de abril de 2013

El periodismo como instrumento de verdad(es)




La ideología que nos heredó la revolución científico-técnica occidental nos enseñó que en el mundo de la industria, habría una avasallante búsqueda de la verdad por la verdad en sí misma. Así, años antes, el Renacimiento nos mostraría que la garantía de la verdad ya no pendería del absoluto (Dios), sino de la racionalización. Posteriormente, en la ola positivista del XIX, esa verdad estuvo dominada por la potencia incuestionable de las ciencias naturales, las “ciencias duras”, ahí mero donde la objetividad parecía intocable. Finalmente la objetividad onmipresente comenzaría a dispersarse por lo más “opinable”.

La prensa escrita surge oficialmente a mediados del siglo XIX y el diario más viejo pero que se mantiene en funcionamiento hasta hoy en día es el  Post- och Inrikes Tidningar de Suecia, fundado en 1645. Hacia 1722, el clérigo católico y doctor Juan Ignacio de Castorena y Ursúa funda la Gaceta de México y noticias de Nueva España, considerado como el primer periódico de México, donde publica informaciones religiosas, oficiales, comerciales, sociales, mineras y marítimas. Años después, a Porfirio Díaz se atribuye el apoyo para la apertura de El Imparcial que se entendía en aquel entonces como el periódico más moderno de México. Fundado en 1896 por Rafael Reyes Espíndola, El Imparcial aplicó el modelo clásico de los periódicos nosteamericanos con su definición de secciones, corresponsales en provincia y servicios noticiosos de agencias, por lo que se obtuvo mayor número de lectores que lo hicieron su favorito ya que alcanzó tirajes de hasta 100 mil ejemplares. El Imparcial desplazó a los periódicos el Siglo XIX y El Monitor Republicano que hasta entonces, eran las publicaciones más consolidadas en el gusto del público.

 Así, en esta carrera por la profesionalización del periodismo, la escalada por el poder en los medios de comunicación ya se entiende como un instrumento de poder, La relación entre poder político y prensa, o entre prensa y poder político, responde a complejos procesos de interacción política, económica y social, orientados por un  pragmatismo que subordina la ética a otros intereses primarios [1]

Frases como: “lo leí en tal diario”, “es que determinado medio dice que no es así”, entre otras, eran un argumento común que obedecía más a la lógica de la relación cuanta  más masificación, verdad determinante, de objetividad incuestionable. Hoy, dichas aseveraciones ya más cercanas al desuso, confirman que, aunque un resto de clientelismo periodístico siempre permanecerá parásitamente en la sociedad,  a los ciudadanos  parece ya no interesarles  la verdad de lo que realmente ocurre sino los refuerzos argumentales a sus posiciones preconcebidas, lo que logran con la permanente interpretación de la realidad de los medios afines a su ideología. Pareciera entonces que en la era moderna de la información, los líderes de opinión finalmente hacen honor a su condición de reguladores del discurso.

Ahora el interés por la información ya no sólo proviene de recibirla de una sola fuente, sino de quién y desde dónde se informa.  La sociedad ha dictaminado sus propio supuestos, entonces, y es precisamente aquí donde hay que replantearse los perjuicios que supone para una sociedad el hecho de que la producción de la información, o dicho de otra manera;  que la construcción sesgada y parcial de caminos de la sobre la realidad se encuentre monopolizada y concentrada por un pequeño grupo; cuestión que se agrava aún más cuando dicho sector es, antes que nada, un grupo económico que, como cualquier otro grupo de su naturaleza, persigue el fin de maximizar sus ganancias.[2]

Pareciera entonces que la mencionada Era del Nuevo Periodismo sería más cercana a una era del reforzamiento de la línea editorial, cabe decir que en las sociedades que más se acercan al paradigma democrático hay una cierta tensión entre los periodistas y la línea editorial (o ideología del medio) por un lado y, entre estos y los políticos junto con sus asesores en comunicación o agregados de prensa, por el otro. En la mayoría de las sociedades de democracia liberal y capitalista los medios filtran la información y construyen la realidad según los criterios de la ideología dominante, de los poderosos. Ejemplo: las páginas editoriales de El Mercurio y La Tercera son una reiteración brutal de la ideología neoliberal que linda con la propaganda al estilo de J. Goebbels, el Ministro de la Propaganda de Hitler. Ni un atisbo de diversidad de opiniones.[3]

En definitiva, hablar de “objetividad”  o hasta de “periodismo independiente” dejaría un sabor de boca casi falaz, pues al contar con el núcleo duro, el trasfondo más oscuro y oculto de la ideología de los constructores de la realidad mediática, se tendría que hablar desde la orgullosa posición de quienes lo hacen en nombre de una élite que ha hecho de la verdad su propiedad privada.

Incluso la realidad mediática ya supone una intención paralela a los sucesos acontecidos en tiempo real. La objetividad es este caso, es sólo entendible a través del prisma de la subjetividad reguladora del discurso a través del lenguaje.



Bibliografía



 El Periodismo Político en México.- Petra Mª  Secanella. Ed. Prisma.
Historia y poder de la prensa, Raúl Sohr, Ed. Andrés Bello.


[1] FUNES, Lucía, Medios de comunicación; Prensa; Poder, cap. 3,  Honduras, 2002.


[3] LAVÍN, Leopoldo, Tiranía mediática y periodismo silencioso, http://www.elciudadano.cl/2013/04/04/65395/tirania-mediatica-y-periodismo-silencioso/

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