La ideología que
nos heredó la revolución científico-técnica occidental nos enseñó que en el
mundo de la industria, habría una avasallante búsqueda de la verdad por la
verdad en sí misma. Así, años antes, el Renacimiento nos mostraría que la
garantía de la verdad ya no pendería del absoluto (Dios), sino de la
racionalización. Posteriormente, en la ola positivista del XIX, esa verdad
estuvo dominada por la potencia incuestionable de las ciencias naturales, las
“ciencias duras”, ahí mero donde la objetividad parecía intocable. Finalmente
la objetividad onmipresente comenzaría a dispersarse por lo más “opinable”.
La prensa
escrita surge oficialmente a mediados del siglo XIX y el diario más viejo pero
que se mantiene en funcionamiento hasta hoy en día es el Post- och Inrikes Tidningar de
Suecia, fundado en 1645. Hacia 1722, el clérigo católico y doctor Juan Ignacio
de Castorena y Ursúa funda la Gaceta de México y noticias de Nueva España,
considerado como el primer periódico de México, donde publica informaciones
religiosas, oficiales, comerciales, sociales, mineras y marítimas. Años
después, a Porfirio Díaz se atribuye el apoyo para la apertura de El Imparcial
que se entendía en aquel entonces como el periódico más moderno de México.
Fundado en 1896 por Rafael Reyes Espíndola, El Imparcial aplicó el modelo
clásico de los periódicos nosteamericanos con su definición de secciones,
corresponsales en provincia y servicios noticiosos de agencias, por lo que se
obtuvo mayor número de lectores que lo hicieron su favorito ya que alcanzó
tirajes de hasta 100 mil ejemplares. El Imparcial desplazó a los periódicos el
Siglo XIX y El Monitor Republicano que hasta entonces, eran las publicaciones
más consolidadas en el gusto del público.
Así, en esta carrera por la profesionalización
del periodismo, la escalada por el poder en los medios de comunicación ya se
entiende como un instrumento de poder, La
relación entre poder político y prensa, o entre prensa y poder político,
responde a complejos procesos de interacción política, económica y social,
orientados por un pragmatismo que
subordina la ética a otros intereses primarios [1]
Frases como: “lo
leí en tal diario”, “es que determinado medio dice que no es así”, entre otras,
eran un argumento común que obedecía más a la lógica de la relación cuanta más masificación, verdad determinante, de
objetividad incuestionable. Hoy, dichas aseveraciones ya más cercanas al
desuso, confirman que, aunque un resto de clientelismo periodístico siempre
permanecerá parásitamente en la sociedad,
a los ciudadanos parece ya no
interesarles la verdad de lo que
realmente ocurre sino los refuerzos argumentales a sus posiciones
preconcebidas, lo que logran con la permanente interpretación de la realidad de
los medios afines a su ideología. Pareciera entonces que en la era moderna de
la información, los líderes de opinión finalmente hacen honor a su condición de
reguladores del discurso.
Ahora el interés
por la información ya no sólo proviene de recibirla de una sola fuente, sino de
quién y desde dónde se informa. La
sociedad ha dictaminado sus propio supuestos, entonces, y es precisamente aquí
donde hay que replantearse los perjuicios que supone para una sociedad el hecho
de que la producción de la información, o dicho de otra manera; que la construcción sesgada y parcial de
caminos de la sobre la realidad se encuentre monopolizada y concentrada por un
pequeño grupo; cuestión que se agrava aún
más cuando dicho sector es, antes que nada, un grupo económico que, como
cualquier otro grupo de su naturaleza, persigue el fin de maximizar sus
ganancias.[2]
Pareciera
entonces que la mencionada Era del Nuevo Periodismo sería más cercana a una era
del reforzamiento de la línea editorial, cabe
decir que en las sociedades que más se acercan al paradigma democrático hay una
cierta tensión entre los periodistas y la línea editorial (o ideología del
medio) por un lado y, entre estos y los políticos junto con sus asesores en
comunicación o agregados de prensa, por el otro. En la mayoría de las
sociedades de democracia liberal y capitalista los medios filtran la
información y construyen la realidad según los criterios de la ideología
dominante, de los poderosos. Ejemplo: las páginas editoriales de El Mercurio y
La Tercera son una reiteración brutal de la ideología neoliberal que linda con
la propaganda al estilo de J. Goebbels, el Ministro de la Propaganda de Hitler.
Ni un atisbo de diversidad de opiniones.[3]
En definitiva,
hablar de “objetividad” o hasta de “periodismo
independiente” dejaría un sabor de boca casi falaz, pues al contar con el
núcleo duro, el trasfondo más oscuro y oculto de la ideología de los constructores
de la realidad mediática, se tendría que hablar desde la orgullosa posición de
quienes lo hacen en nombre de una élite que ha hecho de la verdad su propiedad
privada.
Incluso la
realidad mediática ya supone una intención paralela a los sucesos acontecidos
en tiempo real. La objetividad es este caso, es sólo entendible a través del
prisma de la subjetividad reguladora del discurso a través del lenguaje.
Bibliografía
El
Periodismo Político en México.- Petra Mª Secanella. Ed. Prisma.
Historia y poder de la prensa, Raúl Sohr, Ed. Andrés Bello.
[1]
FUNES, Lucía, Medios de comunicación; Prensa; Poder, cap. 3, Honduras, 2002.
[3] LAVÍN,
Leopoldo, Tiranía mediática y periodismo silencioso, http://www.elciudadano.cl/2013/04/04/65395/tirania-mediatica-y-periodismo-silencioso/

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